Una fobia es el miedo intenso e irracional acompañado de evitación de objetos o situaciones específicos: alturas, arañas, cucarachas, lugares cerrados, tormentas, oscuridad, sangre, vuelos, etc.
No es necesario que el sujeto evite la situación, a veces la persona con fobia resiste las situaciones con una ansiedad excesiva, llegando incluso a sufrir un ataque de pánico.
Si la evitación o el malestar interfieren de manera marcada en la rutina normal del individuo, la fobia ha de ser tratada por un profesional.
Las fobias son bastante frecuentes en la población y tenemos que tener en cuenta la gravedad y la probabilidad de que se presenten. Por ejemplo la fobia a las tarántulas en una zona donde no las haya no resulta importante. Sin embargo la fobia a conducir de una persona que necesita coger el coche para trabajar interfiere en el normal desarrollo de su trabajo y si habría que tratarla.
Los fóbicos adultos son conscientes de que su miedo y su tendencia a evitar esas situaciones son exageradas, los niños no necesariamente.
El tratamiento más eficaz para las fobias específicas es la exposición en vivo a la situación temida, aunque a veces hay que apoyarlo con otras técnicas como la relajación, la reestructuración cognitiva, etc.
Los fármacos no ayudan en el tratamiento de las fobias específicas, porque el paciente achaca el éxito de superar la fobia al efecto del fármaco y no a sí mismo.
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