El estrés es una reacción fisiológica del organismo en el que entran en juego diversos mecanismos de defensa para enfrentar una situación que se percibe como amenazante.
El estrés es una respuesta natural y necesaria que aumenta las probabilidades de supervivencia frente a una amenaza a corto plazo.
Pero si esta situación persiste, de forma reiterada e intensa, la fatiga resultante será nociva para la salud general del individuo. El estrés prolongado puede causar enfermedades cardiovasculares, artritis reumatoide, migraña, calvicie, asma, alteraciones nerviosas, alteraciones de la piel, impotencia, irregularidades menstruales, colitis, diabetes o dolores de espalda. También puede estimular un exceso de ácido estomacal, que originará úlceras, o puede contraer arterias ya dañadas, aumentando la presión y precipitando un paro cardiaco.
Cualquier suceso que genere una respuesta emocional, puede causar estrés. Esto incluye tanto situaciones positivas (el nacimiento de un hijo, matrimonio, ascenso, etc.) como negativas (pérdida del empleo, muerte de un familiar, divorcio...). Aunque dependen de la capacidad de respuesta de cada individuo ante las situaciones estresantes, así como sus estrategias de afrontamiento y de los factores protectores que el individuo posea (el apoyo social puede “amortiguar” los efectos del estrés).
Si estas estrategias fallaran o resultaran insuficientes sería recomendable acudir a terapia psicológica. Los tratamientos con medicamentos pueden resultar eficaces como medidas a corto plazo. Sin embargo, en general el uso de medicamentos no se recomienda como solución a largo plazo. Tampoco se recomienda tomar bebidas alcohólicas, por el peligro de que se convierta en una adicción, tanto por la vulnerabilidad del individuo estresado, como por los efectos ansiolíticos que produce.
Si está pasando por una situación estresante, por ejemplo, la pérdida de su empleo o un divorcio, es importante crear mecanismos para hacer frente a la situación de forma efectiva. Comparta sus sentimientos con los amigos. No se imponga más responsabilidades hasta acostumbrarse a la nueva situación.
Realice actividades deportivas o algún pasatiempo, aprenda técnicas de relajación, evite el uso de tranquilizantes o alcohol para hacer frente a las situaciones de estrés.
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